¿Crisis o caradura?
Enero 9th, 2012Como la mayoría de los serviles votantes de este país, empiezo a sentirme hasta la peineta cada vez que los medios de comunicación hablan de crisis, esfuerzo, austeridad y otros eufemismos para declarar que, desde el poder, La Casta va a subir impuestos (es un hecho), recortar servicios sociales (es otro hecho), congelar o reducir salarios… En fin, que está buscando los medios para enterrar de una vez por todas el estado de bienestar. Se impone el estado de la Vaca que no ríe.
Naturalmente, me incomoda que mi sueldo se estanque cuando sube el IPC, que algún familiar esté sin trabajo, las horas lectivas que mi hija ha perdido este curso (con total justicia por parte de los docentes públicos), o que para conseguir una hipoteca ridícula haya tenido que presentar dos carpetas de documentos. Claro. Como a todo el mundo.
Pero hay un detalle en el que La Casta quizá no ha reparado (es retórica, no soy tan ingenuo) a la hora de exigir sacrificos, esfuerzo, austeridad, bla, bla… España ha dado siempre muestras de extraordinaria generosidad cuando ha sido preciso. Basta mirar el puesto que ocupamos en número de donaciones de órganos, en adopciones, en donativos a causas humanitarias sean nacionales o extranjeras (véase el tsunami de Tailandia sin ir más lejos). La inmensa mayoría de los españoles hemos demostrado, cada vez que ha sido necesario, que no somos gente mezquina. Pero tampoco gente estúpida, ojo, y por eso estos esfuerzos que ahora nos piden llegan a soliviantarnos, pues la razón no es recuperar al país de una catástrofe ni privarnos de algo propio en beneficio de quien de verdad lo necesita.
Que no nos tomen más el pelo. Estamos donde estamos, es decir, en la bancarrota de la caja común por dos razones principales. La primera, tan vieja que sin darnos cuenta nos fuimos acostumbrando, es el indigno derroche de dinero público en ayuntamientos y comunidades, ya fuese dilapidado en proyectos megalómanos o populistas cuando no en las más nauseabundas corruptelas que salen a la luz de tiempo en tiempo. La segunda, más reciente pero no menos grave, el generoso envío (o desvío, más bien) de fondos públicos para rescatar entidades financieras que llegaron a la quiebra por una pésima gestión: bancos convertidos en promotoras inmobiliarias, salarios de directivos que compiten con los de deportistas de élite…
Ahora, esos mismos que nos estrujaron las manos las piden para salir del hoyo que cavaron (perdón, que nos hicieron cavar). Pues, por lo que a mí respecta, sólo van a encontrar mi dedo corazón enhiesto. Y hasta aquí mi pataleta, porque me aterra pensar lo que van a hacer con él.