El campo de lo posible
Miércoles, Junio 9th, 2010François Truffaut aseguró que cuando empezaba una película, su intención era rodar la mejor película de la historia, y después se conformaba con terminarla.
Pues cómo le entiendo.
François Truffaut aseguró que cuando empezaba una película, su intención era rodar la mejor película de la historia, y después se conformaba con terminarla.
Pues cómo le entiendo.
Lunes ocho de marzo. Diez de la mañana. Clase de ética en 4º C de la E.S.O. Para dotar de cierto rigor teórico a una asignatura menospreciada en los planes de estudio (una hora semanal), imparto un breve curso sobre la HIstoria de la Ética que el libro de texto reduce a cuatro autores… Al grano. Les explico que para Hume el sentimiento que nos hace valorar una acción como buena o mala es desinteresado (lo experimentamos aunque no obtengamos beneficio). Acudo a un ejemplo: los terremotos de Chile o Haití, para que entiendan que su sentimiento de dolor no es interesado, salvo que alguno tenga familia en aquellos países. Algunos dicen que no tienen familia, pero que tampoco se sintieron especialmente mal. ¿De verdad lo decís?, pregunto. Son cosas que pasan, responde uno. ¿Por que voy a sentirme mal si yo no tengo la culpa?, declara otro. Busco nuevos ejemplos, añado otros matices… Nada. Si no hay responsabilidad personal no hay malestar. El mundo es así. Son cosas que pasan. ¡Sniff! ¿Dos horas más a la semana arreglarían algo?
UNO DE S.O.S. DÍAS
Hoy:
Las estrellas se comportan como puñales afilados,
y caen a plomo sobre mi aldea desde un cielo al que nunca ofendí.
Quizá por ofenderlo siempre. Me engañaron.
La costumbre no disuelve la culpa, sólo aplaza la penitencia.
Hoy:
Eructo volcanes de agravios que dormían
en cuanto la primera nube roza mis cumbres
y el cielo anuncia tormenta.
Sucede que más tarde el frío y entonces sólo queda
lava muerta pegada como una costra en los zapatos.
Hoy:
Transito como un turista por la torre de Babel
y ni siquiera me sorprendo. Esto debe ser el fondo.
En esta instantánea podéis verme en mi actual estado de pre-inspiración literaria. Encontrada la pelusilla de una historia que, en principio, apunta a relato, voy desenredando la madeja. Al lado del ordenador, la hoja en blanco me mira, y si no fuera porque la filosofía me volvió de natural propenso al escepticismo, juraría que sonríe cuando me acerco con el bolígrafo. Igual que debieron sonreír los molinos viendo al Hidalgo de La Mancha arremeter contra ellos lanza en ristre.
Que el bálsamo de Fierabrás nos pille confesados porque, amigo Sancho, ni más ni menos que con el verbo hemos topado.
Con la novela recién terminada, mi confesa pasión por el cine y una antigua debilidad por la ciencia ficción como género, no pude dejar de ver Avatar, esa película con la que los medios de comunicación, desde muy diversas perspectivas, nos vienen bombardeando el apetito desde hace semanas.
Visualmente impecable, pasé las tres horas de proyección sin pestañear, absorto en el universo de Pandora con el deleite de un niño. Supongo que es lo mínimo exigible a un proyecto que dispuso de semejante presupuesto y ha tardado… ¿14 años leí o alguien me dijo?, en llevarse a cabo. Sin embargo, me quedé con la sensación de haber visto Pocahontas en versión futurista, con el regusto amargo de que tanto chocolate no recubría el licor prometido, sino que era sólo un buñuelo de viento. O más bien tres, porque se anuncia ya la trilogía.
Hace un par de semanas tuve el privilegio de disfrutar, en la galería Evelyn Botella, de una muestra de la obra de este pintor, al que no conocía. Una muestra, lástima, demasiado escueta, y tal vez no exista mejor síntoma para valorar una producción así, que salir de la exposición con el deseo de haber contemplado más cuadros.
Los paisajes, interiores y exteriores, recorridos por surcos de pintura que dejan huella en el espacio como el paso del tiempo va roturando nuestra existencia. La técnica novedosa con resultados evocadores termina por revelar que la lluvia no es un fenómeno atmosférico, sino más bien un estado del alma.
Estimada vida normal:
Espero que a la llegada de la presente te encuentres en tan buen estado como te dejé. Recibe sólo unas letras para comunicarte que, a este lado, los días son duros. Entro en el penúltimo capítulo de la nueva novela coincidiendo con una huelga de musas y, por más que en la mesa negociadora ofrezco todo tipo de incentivos (respeto estricto de la jornada pactada, mejoras en las condiciones de trabajo, reconocimiento expreso de su labor…), parecen decididas a mantener su postura intransigente. Ya sé que en verano no tuvieron vacaciones, pero tampoco yo y no me quejo tanto. Si al menos optaran por una huelga a la japonesa terminaría el libro en tres meses, pero deben ser producto patrio.
Tal vez a causa de ese esfuerzo negociador, mi cuerpo ha tomado declarado partido por la rebeldía y, desde hace ya semanas, mi brazo derecho se ha convertido en la facción radical de su protesta y responde, ya sea con violentos ataques de dolor, ya con rotunda negativa a moverse, mis intentos por escribir. Incluso la pierna derecha, antes indecisa, empieza a colaborar ya activamente con el bando insurgente. Entretanto, crecidos ante la constancia de estas dificultades, la turba incontrolada de exámenes sin corregir continúa sin desmayo su progresión triunfal.
Como puedes imaginar, no me he quedado cruzado de brazo izquierdo, y he puesto el asunto en manos de la justicia. Primera vez que recurro a ella para descubrir, sin demasiado asombro también es cierto, que se equivocan quienes la tildan de lenta e ineficaz. Es desesperante y absurda.
Confiando en que tus horas se sucedan con la mayor placidez, recibe un cariñoso abrazo de éste que sólo ansía volver a tu lado.
///iguel Sandín
Hace ya un año dejé constancia en este blog de lo mucho que me había soprendido la calidad teatral, musical y escenográfica del grupo de teatro Amorevo, después de disfrutar como un chavalín con Seussical. De modo que este año, cuando pudieron ajustarse fechas y compromisos, no dudé en acercarme a verlos en su nuevo montaje: Footloose, recreación de la película estadounidense del mismo título de 1984.
Esta vez la sorpresa fue menor, pues ya había visto en acción las impactantes habilidades de la Compañía; el disfrute, en cambio, resultó idéntico o superior. Como director de teatro que fui hace mil vidas, sólo tengo palabras de elogio y admiración para la soberbia escenografía. Con un puñado de elementos móviles sabiamente combinados puede transportarnos con rapidez y, lo que es más importante, sin menoscabo de la trama, de una iglesia a un instituto, de una cocina a las vías del tren con total verosimilitud (en la butaca de al lado, mi hija me hizo un comentario sobre lo bien que se lo estaba pasando con la película…) ¡Cuántas compañías supuestamente profesionales deberían ver esta obra para aprender! Felicidades a Nacho Cano, su director.
Las coreografías combinan momentos colectivos con otros más íntimos, la ortodoxia que se espera en un musical con escenas divertidas, y todo ello con la naturalidad y soltura que emplearía una rana en saltar. Las voces, impecables; las interpretaciones, convincentes y eficaces, con especial mención de Félix Fernández en el papel de Ren. Hay algo en este actor, cantante y bailarín que, como le pasa a los grandes, es capaz de ocupar el escenario con su sola presencia…
En suma, lo mejor fue todo, incluso que por asisitir sólo cobran la voluntad, de modo que animo a quien viva en Madrid a visitar su página para no perderse las próximas funciones www.amorevo.com
Lo peor, que no quedaban palomitas normales y tuvimos que conformarnos con ese sucedáneo industrial impregnado de mantequilla. Ya me estáis mirando el detallito, ¿eh?
El Club de Lectura de Vélez Rubio (Almería) cerró la temporada anterior al verano con El gusano del mezcal. Cuál no sería mi sorpresa al saberlo y mi alegría al leer los amables comentarios que me dedican en su página
http://clubdelecturadevelezrubio.blogspot.com/ Gracias a ellos por no ser el mercado.
Cosas como esta hacen que me suba la adrenalina literaria y allá que me dispongo a domar hormiguillas rebeldes y encarar el tramo final de mi nueva novela.
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
Increíble cómo pueden decirse tantas cosas en una bocanada de palabras mientras a otros nos consume páginas y más páginas el empeño para finalmente quedar con la sensación de habernos quedado a medio camino.
Fuiste grande.