Archive for the ‘textos’ Category

Madrid Nevado

Viernes, Enero 9th, 2009

DE ESE EQULIBRIO ARDIENTE

Las noches nevadas son blancas y negras,

son grises como los gritos:

mitad palabra mitad silencio.

Una paz demoledora, se concibe lo invisible,

fluye, sólido, el amor.

Presente, pero más allá, el recuerdo,

futura, aunque de este lado, la esperanza.

Marchito, renovado siempre, siempre anciano

el beso, la caricia distante, la ofrenda pagana,

el río cuyo cauce remontamos ahogados.

La plácida vigilia del océano

duerme inquieta en el manantial,

estamos saturados de lo que no puede saciarnos,

flotamos en el fondo de una caótica armonía.

Grises como los gritos,

negras y blancas son las noches nevadas:

mitad silencio mitad palabra.

Elegía

Jueves, Diciembre 11th, 2008

                  TE DIGO, HOMBRE, TE QUISE

 

                                                           A la memoria de Antonio Palma, amigo y hermano

 

                        En Carabanchel, tu barrio y el mío,

            te fugaste en mayo, como querías, sin alboroto.

                        Nadie como tú, irrepetible y ambiguo,

            fue tan pertinaz en el desánimo,

            tan lúcido en la perpetua ofuscación

            de abrir los ojos cada mañana

            al sueño absurdo de la existencia,

esa novia esquiva

            neciamente obstinada en preferir otra cama.

                        Tal vez un beso allí, quizá mañana,

            pero siempre al otro lado

            de la puerta y el reloj y la condena

            de vivir ahora, hoy, en un tiempo sin alas

            para escapar de tantos muros.

            Los que otros levantaron para ti

            y los que tú inventaste

            cuando no inventabas futuros imposibles,

            insólitas historias con tu palabra fresca,

            repleta de luz que cegaba de otoño

            y raíz y paraíso y rabia y glaciar.

                        Cuántas veces, aborigen sureño de otros mundos,

            te busqué en aquel sillón devastado y gris

            donde ensamblamos cada año y cada tarde

            el siniestro mecano de lo que tiene sentido,

            regalando dimensiones de color

al plano dibujo de respirar sin fundamento.

Tantas como ahora sueño tu voz antigua

que me visita de madrugada

para hablarme, porque conviene,

de agujeros grises y papeles extraviados.

AMOR SIN MAPA

Lunes, Agosto 18th, 2008

AMOR SIN MAPA

Dylan Thomas, in memoriam.

Renegaste de la cómoda deriva del embalse.

Quizá pesado para el vuelo,

demasiado audaz para la tierra,

precipitado torrente victimario

al que arrolla su propio impulso.

De color tu vorágine,

los proféticos huracanes infantiles

que asolaban tus torres de palabras.

El sol, como un ojo reventado,

derramó su iris fecundo sobre ti,

pero no fue suficiente,

ni siquiera en ese don la forma ansiada:

vacíos aún los lagos de cuerpos tibios.

La luz respirada apenas en la noche infinita

o en el mismo mar de Swan

no te cegó lo bastante.

Palabras o sorbos dieciocho puñales,

la carne abierta dieciocho veces.

Ansiabas alejarte y sin querer consentimos,

crecerás muerto, para tu alegría.

Miguel Sandín

Julio Cortázar, in memoriam

Jueves, Junio 19th, 2008

EVOHÉ, EVOHÉ

Julio Cortázar, in memoriam

Un mal rayo acertó, compadre,

en mitad del largo patio de tus venas,

donde aún vagaba tu sangre nocturnal

buscando a La Maga, estaqueada igualito

pero más cronopio si cabe

pues te hiciste de los nuestros

para quererla mejor, confiesa, osito,

que así aprendiste a chapotear

en las entrañas del prójimo,

con la falsa mansedumbre

de quien esculpe sin prisa un jardín secreto

hasta encontrar, como Louis,

el ritmo que hace de todos los fuegos

el fuego, ése que Adán jamás conoció, pobre,

y al hallarlo posaste tus labios

sobre nuestros bronquios enflaquecidos

por la nicotina y el olvido de lo que importa.

Después soplaste, feroz y tierno,

en cada una de las lenguas

que desflorabas amalando los noemas

si hacía falta en París,

o en Nicaragua donde tanta falta hacía,

hasta volver al fin nuestra noche boca arriba.

Otro microrrelato

Sábado, Mayo 3rd, 2008

                                    

                                  

                                            MEMORIA   ENTERRADA

        

         Fui a cubrir sobre el terreno la noticia del día. Un terremoto había reducido a cascotes, polvo y cenizas un pueblecito costero.

         -Evita lo sórdido. Historias personales, no sensacionalismo –recordó Folgado.

         Ya antes de cruzar la suave cordillera que conducía a Coipolas pude percibir la tragedia. Nada que pudiera explicarse, quizá fuera eso, el atronador silencio que envolvía el aire como un regalo siniestro.

         Recogí con mi cámara los testimonios de mujeres inconsolables frente a sus hogares derruidos, pescadores con los ojos tan húmedos como las aguas que habían engullido sus barcas; sin embargo, nada me conmovió tanto como la presencia de un anciano, desolado y ausente frente a una ruina en la que el fango y los escombros se confundían en atroz revoltijo.

         -He perdido mi libro –dijo, sin necesidad de preguntarle nada.

         -¿Un libro?

         -La casa puede levantarse, pero no tengo tiempo para escribirlo de nuevo.

Un microrrelato

Domingo, Abril 13th, 2008

REMIGIO CAZORLA, AUTOR DE PIERRE MENARD, AUTOR DEL QUIJOTE

El catedrático Luis Hondarza me había asignado aquel curso para perderme de vista un año entero y yo desahogaba mi rabia abordando el Quijote desde el capítulo XXXVIII, especial énfasis en el carácter intransigente del hidalgo, como se ve allí en su modo de atacar las letras en favor de las armas. Alguien abandonó el aula pero no volví a pensar en ello hasta que me cortaron el paso cuando salía. Era un sujeto menudo de pelo blanco.

-Me llamo Remigio Cazorla y quiero saber por qué ha mencionado precisamente ese capítulo -me exigía, con ojos duros y solemnes, gesto desolado y un rencor que no entendí.

-Pues…, no sé -dije,  asustado casi por aquel tono tan apremiante.

-Yo sí, y Borges también, dondequiera que se encuentre.

Asumió con naturalidad mi desconcierto y me guió del brazo hasta la cafetería. Allí eligió la mesa más apartada y a media voz, mirando de vez en cuando sobre sus hombros, me confesó que él había escrito Pierre Menard, autor del Quijote, un año antes que Borges.

-Existe una diferencia -añadió con orgullo-.Yo no se lo dediqué a Silvina Ocampo.

-¿No? -pregunté, por decir algo.

-Bueno sí, pero desde luego no era la misma Silvina Ocampo.