Archive for the ‘Lecturas’ Category

La calle del olvido

Domingo, Enero 25th, 2009

Gracias a la benévola crítica que Javier, alma máter de la librería Cervantes de Alcalá de Henares, escribió sobre mi novela, entramos en contacto y me invitó un sábado de octubre a tomar café en su librería y charlar con los lectores (o puede que me invitara yo). El caso es que en aquel agradable encuentro conocí a Juan Vilches, que a su vez acababa de publicar La calle del olvido, y, como no podía ser menos entre autores, cada uno compró la novela del otro.

Por compromisos, falta de tiempo, obligaciones profesionales y otros inconvenientes, no pude empezarla hasta hace unos días, pero he de reconocer que la espera valió la pena porque se trata de un libro magnífico. La información, soberbiamente suministrada; los personajes, vitales y verosímiles; el trasfondo histórico y social dibujado con maestría; la trama, documentada con un rigor que ya quisieran la mayoría de los títulos que presumen de crónica histórica. Es, más que una novela histórica, una novela de seres humanos en mitad de un difícil momento histórico. Sin esforzados rebuscamientos de estilo, con una sobriedad contenida y eficaz, Vilches consigue que el lector visualice cada escena mientras le da juego para recrear en su mente la compleja trama que la provoca. En cada página aumenta el deseo de conseguir la siguiente pieza que permita completar el rompecabezas de instituciones, relaciones y secretos que dan sentido a un argumento tan pronto tierno como cruel, tan rotundo en los hechos como poético en las causas.

Putas asesinas

Lunes, Septiembre 15th, 2008

Desde que hace algunos años cayó en mis manos Los detectives salvajes, premio Herralde de novela, no desaprovecho ocasión de echarme a los ojos cuanto libro encuentro de ese excelente narrador chileno llamado Roberto Bolaño. Sin embargo, ni 2666 ni Llamadas telefónicas ni este Putas asesinas han alcanzado el techo marcado por esa primera novela que conocí.

A pesar de ello, Putas asesinas es un magnífico libro de relatos, cuyo trasfondo, a veces sutil, otras difuso, otras rondando la insania, pone siempre de manifiesto el enorme talento de este escritor para la palabra, capaz de recrear en un párrafo mundos para los que otros necesitan capítulos enteros. Magistral el relato que da título al libro, excelente el último; sin embargo, echo en falta que ese círculo que abre con tanta clarividencia lo cierre con la misma eficacia. Ojo, admiro los finales abiertos, pero cuando son finales y no da la sensación de que en un momento determinado el autor dejó sus dedos inertes por cansancio.

Salvando ese detalle, es un libro que recomiendo a los admiradores de la buena prosa. Este chileno, desafortunadamente fallecido antes de poder rematar su proyecto literario, está sin duda llamado a convertirse en un referente indiscutible de la literatura contemporánea en castellano.

TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA

Jueves, Abril 3rd, 2008

El último libro que le leído es Travesuras de la niña mala, de mi muy admirado Mario Vargas Llosa. El autor peruano constituye uno de los referentes indiscutibles en mi universo de mitomanías desde que, siendo un adolescente, descubrí por casualidad que un libro como La ciudad y los perros podía ser escrito. A partir de ahí, su lectura constante a lo largo de los años me ha proporcionado algunas experiencias fascinantes, terribles y conmovedoras (Conversación en la catedral, La fiesta del chivo),

 

otras entrañables y tiernas (La tia Julia y el escribidor, Pantaleón y las visitadoras); también las hubo sólo agradables (La guerra del fin del mundo, El paraíso en la otra esquina) e incluso un par de ellas tolerables por pura fidelidad (La casa verde, Historia de Mayta).

No importa, soy incapaz de ver un libro suyo que no conozca y dejarlo pasar de largo sin darle la oportunidad de sorprenderme. Porque, a su manera, cada historia de Vargas Llosa me deslumbra sobre todo por su maestría arquitectónica. Nadie como él distribuye el peso de las historias para que se eleven siempre con esa aparente facilidad, como si hubieran ya existido antes de que alguien las pensara.

De esta novela me ha sorprendido sobre todo la paradoja de que el narrador, Ricardo Somocurcio, es capaz de contarnos su vida entera sin una valoración fuera de lugar, sin un adjetivo escapado, tan desnudo está de sí mismo que llega a hacerse transparente y, a través de él, otros personajes –de manera muy especial la perversa chilenita- son los que marcan el ritmo de la historia mientras el protagonista-narrador se difumina en, con y por ellos. Es más, se diría que Ricardo Somocurcio carece por sí mismo de contexto histórico, pues son siempre los otros los que traen la historia al frente. Ricardo sólo ama, y ese sentimiento constituye más que un estado, es su forma de estar en el mundo y desde ahí, siempre desnudo, recibe el aire que a su alrededor mueve el abanico de la sociedad, la política o las finanzas. El guerrillero gordo, los diversos hombres a los que se va enganchando la niña mala, o los vecinos cuyo hijo se niega a pronunciar palabra son las formas que adopta el mundo para hacerse patente a través de un hombre esencialmente bueno.

De este modo, sin provocarlo, siendo sólo el cristal que nos enseña la vida, el narrador se vuelve tan poroso como el personaje hasta confundirse en uno solo, como se pierde el límite entre el lenguaje oral y el escrito, porque en este libro la retórica simplemente sobra y la belleza surge como rosa en cenagal, más valiosa porque no hay interés en ella. Todo empeño está puesto en la exactitud comunicativa y esa es su gran virtud.

Sin considerarla entre sus mejores creaciones, Travesuras de la niña mala me parece una nueva demostración del inmenso talento y oficio de este limeño querido, que nunca debió privarnos de más libros perdiendo el tiempo con la política.