Pequeño ataque de furia
Lunes, Abril 26th, 2010Odio el teclado de mi nuevo ordenador portátil. Las teclas están tan juntas que a veces me roba letas, añade letrrass, prolllongaa letras.
Olivetti Studio 46, te echo de menos.
Odio el teclado de mi nuevo ordenador portátil. Las teclas están tan juntas que a veces me roba letas, añade letrrass, prolllongaa letras.
Olivetti Studio 46, te echo de menos.
Esta semana se celebra en el Colegio la Semana del Libro y, dado que los compañeros de Primaria no encontraron nada más parecido a un escritor que quien suscribe, me ofrecieron charlar un rato con sus alumnos para que éstos conociesen de primera mano los entresijos del oficio y me hicieran algunas preguntas.
Desinhibidos y curiosos, como es propio de su edad, me preguntaron qué me inspiraba, por qué escribía, quién era mi escritor y escritora favoritos, cuánto tardaba en acabar un libro, a qué edad había empezado a contar historias. Ninguno mostró interés por saber si se trata de una profesión lucrativa -la cruda realidad debe ser vox populi-, y en cambio uno de ellos al final, por lo visto convencido con alguna de mis palabras, mosró interés por saber qué podía hacer para convertirse en escritor. Cuando le respondí que a su edad lo mejor era leer mucho, algunos cambiaron el gesto y empezaron a buscar nuevos horizontes profesionales.
Muy triste que a los once o doce años un buen puñado de jovencitos consideren que leer es un esfuerzo poco gratificante. No insistiré en las causas, porque creo que todos las conocemos.
Hace algunos días leí en el periódico una sorprendente noticia que divulgo para mover a la reflexión sobre nuestro tiempo y sus costumbres. Tal vez alguien ya la conozca, pero ahí va: resulta que en EE.UU. un entrenador de baloncesto de la Liga Universitaria ha recibido una suculenta oferta para entrenar en la NBA. Nada menos que 15 millones de dólares por temporada frente a los 3,5 (creo recordar, tal vez unos miles arriba o abajo) que ganaba ahora. Al parecer el tipo rechazó la propuesta porque era feliz donde estaba y haciendo lo que hacía. Eso es sorprendente en los tiempos que corren, de acuerdo, y sobre ese detalle hacía hincapíe la noticia. Sólo al final apuntaba otro detalle que, a mi juicio, es más importante aún: resulta que el fulano es la persona mejor pagada de la universidad y su salario duplica con creces al siguiente, que tan sólo es una eminencia de la medicina.
Ahí queda eso.