UNA MUERTE DE PENA
Viernes, Septiembre 4th, 2009Aunque más de uno lo sospechábamos, parece ser que Texas está a punto de reconocer por vez primera que uno de los muchos condenados a muerte por inyección letal era inocente. Un poco tarde para este hombre, que por supuesto era de raza negra, que por supuesto era pobre, y no pudo costearse un abogado que revelara en su momento las deficiencias de un proceso en el que las pruebas fiueron adulteradas y los testigos cambiaban su declaración. Pasó más de diez años en el corredor de la muerte acusado de provocar el incendio de la casa donde murieron su mujer y sus tres hijas. Me resulta inimaginable sumar un horror a otro y rumiar ambos durante doce largos años.
Sólo espero que este asunto provoque, aunque lo dudo, una seria reflexión en los países que aún aplican esta condena bárbara. Porque si un inocente no está a salvo nadie lo está.