Posts Tagged ‘Miguel Sandín’

Un comienzo

Miércoles, Febrero 17th, 2010

   Tan absorto ando en mi nuevo relato y tan agobiado por la avalancha de exámenes para corregir que me espera, que mis horas se vuelven suspiros. Como soy perverso, os dejo el comienzo de la historia para quitaros el sueño pensando cómo puede seguir.

Durante mucho, quizá demasiado tiempo, cuando alguien aportaba al caso de una conversación cualquier anécdota de su niñez, yo mantenía por prudencia la boca cerrada, como si me avergonzase admitir que carecía de recuerdo alguno sobre esa etapa de mi vida. Tan desdibujada tenía la memoria de aquellos años que ni siquiera podía precisar en qué momento la perdí; en cambio, conservaba detalles sueltos de una infancia anterior a la infancia, si tal cosa existe.

¡POR FIN!!!!!!!!!!!

Sábado, Enero 9th, 2010

Decenas de horas de investigación (aprox.), mil quinientas de redacción (aprox.), doce cuadernos de anillas (ni muy gordos ni muy finos), cinco bolígrafos pilot, un portátil que murió en el camino (R.I.P.), algunos cartones de tabaco, un buen puñado de cervezas, diversas noches de insomnio, una contractura, cientos de acuerdos y desacuerdos con mi filóloga favorita… Han sido necesarios para terminar mi nueva novela. Pero al fin la criatura vio la luz en la madrugada del viernes.

Su nombre será Piensa también en el azar y es curiosa esa sensación, mientras encuadernaba los primeros ejemplares, de que ya era menos mía. Viendo a ese tipo anudar en un canutillo las hojas, supe lo que experimenta una parturienta cuando la comadrona se hace cargo de su bebé. Un vacío demoledor.

Espero que no tarde mucho la presentación en sociedad y menos aún que mi imaginación vuelva a quedarse embarazada.

En la Feria del Libro

Viernes, Junio 19th, 2009

Como ya dejé anunciado, el sábado 13 estuve en la caseta de edebé firmando ejemplares de mis novelas. A los que vivís en Madrid, no hace falta que os recuerde la tarde de canícula salvaje que nos tocó soportar. Eso, unido al puente que muchos afortunados pudieron disfrutar, provocó que, a decir de los que habían pasado la Feria trabajando en la caseta, fuese en general el día con menos afluencia de público desde que se inauguró.

Como dato elocuente, baste decir que frente a mí firmaba Juan José Millás, y apenas unos pocos lectores se acercaron a buscar su firma. La excepción la puso, ¿curiosamente?, el finalista del premio Planeta que MIllás ganó en el 2007, es decir, Boris Izaguirre, y está todo dicho.

A pesar de ello, salvo por el clima, resultó una tarde muy agradable. Familiares, amigos, alumnos, ex-alumnos y algún que otro curioso, se acercaron a saludarme, pedirme alguna firma, darme alguna opinión sobre los libros, pedir un aprobado, recordar una anécdota…

En fin, aquí podéis verme en compañía de una admirable admiradora.

Feria del Libro. Madrid 2009

Miércoles, Junio 3rd, 2009

Por segundo año consecutivo he sido invitado por la editorial edebé a la Feria del Libro de Madrid. El sábado día 13 de junio, por la tarde, estaré en la caseta 309 firmando ejemplares de mis dos criaturas, El gusano del mezcal y Expediente Pania. Espero que el clima sea un poco más respetuoso que el año pasado, cuando nos sorprendió un aguacero del demonio.

Sabido es que escribir constituye un acto de profunda soledad, una ascética profesión de fe en la palabra que sólo encuentra sentido cuando alguien la redibuja en su mente. Da igual que lo haga con otro sentido, da igual que le subyugue o le irrite, basta con que no le deje indiferente. Por eso es tan grato que ese esfuerzo de silencio encuentre la recompensa de la palabra devuelta.

En fin, que allí estaré si os apetece dejaros ver.

XV CERTAMEN DE TEATRO ESCOLAR

Lunes, Mayo 25th, 2009

En el Centro Cultural Julio Cortázar de Madrid ha comenzado hoy el XV Certamen de Teatro Escolar de Moncloa-Aravaca, y ha querido la Fortuna, o la directora de la Compañía del IES Ortega y Gasset, que la obra elegida para inaugurarla sea Las Bodas, pieza en un acto y tres cuadros que un servidor escribió hace ya muchos años.

Cuando supe la noticia no me lo pensé dos veces y esta mañana fui a verla. La escenografía era sencilla, pero eficaz (proyección en pantalla simulando el paisaje y sobre el escenario los objetos imprescindibles); la sala, acogedora; los actores voluntariosos, lástima que el volumen de las voces no permitiera seguir los diálogos de manera fluida. Tal vez fuera éste el mayor inconveniente.

Al margen de esa pequeña carencia, resulta emocionante ver cómo cobran vida, hablan y se mueven los personajes que una vez estuvieron como fantasmas habitando tu cabeza y constatar que, como buenos espectros, ellos no envejecen.

Entrevista en esmadridtv

Martes, Diciembre 16th, 2008

A pesar de que esa tarde hacía en Madrid un frío siniestro, yo salía de un catarro, los mejores planos se veían malogrados por bancos repletos de pintadas, el periodista que grababa tenía un ojo en el aparato y otro en dos jóvenes sospechosos que no le quitaban ojo al equipo… Gracias a la paciencia de Rebeca, al oficio del cámara y a que el cielo de Madrid nos respetó, salió esta entrevista.

 

http://www.esmadrid.com/es/portal.do?TR=A&IDR=35&lang=es&identificador=19988

Clase de filosofía, una experiencia vital

Domingo, Noviembre 30th, 2008

En la entrevista que me realizaron para la revista Escuela, dije en una de las respuestas que para mí la enseñanza era, más que trabajo, una experiencia vital. Cuál no sería mi sorresa al descubrir, por medio de un conocido, que la frase se había convertido en materia de discusión en un foro pedagógico relacionado con la filosofía. Al parecer atribuían mis palabras a la imagen que se debe dar ante los medios; otro se preguntaba si esa experiencia vital quedaba relegada al aula o también debía llevarse a casa una vez finalizada la jornada. Un tercero, o tercera, creo, afirmaba que la experiencia vital consistía en mantener el orden y asegurarse un mínimo interés por parte del alumnado. Una cuarta pensaba más o menos como yo…

Llevo veinte años impartiendo clase y, si bien no todos los días, ni los alumnos, ni los temarios, ni los humores, ni los medios, ni… son perfectos, me sigo sintiendo un privilegiado por tratar con personas jóvenes a los que transmitir fundamentos culturales y de vida. Por supuesto, no llegan a todos; por supuesto, no llegan siempre, pero en ese empeño me formo yo también y por eso sostengo nuevamente que para mí la educación no es sólo una forma de ganarme la vida, sino también mi modo de estar en ella.

La Feria del Libro de Madrid

Martes, Junio 3rd, 2008

Ahí me tenéis, en la caseta de edebé el domingo por la tarde, firmando ejemplares de El gusano del mezcal a quien quiso acercarse a visitarme, charlando con algunos que ya lo habían leído y les apetecía comentar detalles,  explicando  -¡ufff!- a  diversos curiosos de qué trataba la novela,  fotografiándome con los pocos que me lo pidieron, dejándome fotografíar por quien ni siquiera lo pedía como animalillo en su jaula del zoo, aclarando a un par de indecisos qué es eso del mezcal, descubriendo que al menos una persona tiene mi libro sólo porque compartimos apellido… En suma, por primera vez asistiendo al curioso circo de la Feria desde este lado y resultó agradable; sobre todo porque, además de amigos, ex-alumnos y conocidos varios, siempre tuve cerca a los míos: padres, hermanos de sangre y vida, sobrinos y, por supuesto, mi media naranja (aunque por instantes se ausentase en busca de Joaquín Sabina). Sólo faltaba la personilla más importante de mi vida, pero no fue culpa suya y por eso echarla tanto de menos fue como hacer que estuviera allí. Estaba en nuestra memoria y nuestro pensamiento, luego estabas, Andrea.

Por lo demás, hoy leí la columna de Sánchez Dragó (que firmaba unas casetas más allá) en El Mundo. Hablaba de la Feria como Feria de las Vanidades (Vanity Fair),  enlazando ideas -casualmente, por supuesto- con la entrevista a Ruiz Zafón que leí hace un par de días. Capillitas, egos crecidos, tertulias de amiguetes, siempre el mercado por delante del talento, olvidamos a los grandes… Se me ocurre pensar que, como en este submundillo pseudo artístico-profesional estoy naciendo, no cometeré mañana semejantes errores de egolatría; sin embargo, la mañana siguiente busco en Internet alguna entrada nueva sobre mi libro. Y sólo puedo llegar a una conclusión: estamos jodidos si los supuestos faros que deben iluminar nuestros sueños dirigen la luz sobre sí mismos.

Firma de Libros

Jueves, Mayo 29th, 2008

Confirmado. Este domingo día 1 de junio, si el tiempo y la autoridad no lo impiden, estaré en la Feria del Libro que se celebra en el Parque del Retiro de Madrid. La caseta de Edebé es la 234 y allí, entre las seis y las nueve de la tarde, tendré sumo gusto en encontrarme con todos los que se quieran dar una vueltecita por ese parque tan estupendo y de paso charlar un rato.

Nos vemos.

VIDA Y OBRA

Viernes, Abril 11th, 2008

Nací en Madrid el 18 de abril de 1963 con el nombre completo de Miguel Ángel Martín Sandín y me crié en el, por entonces castizo, barrio de Lavapiés. En el restaurante que regentaban mis padres transcurrieron los primeros nueve años de mi vida, entre cocinas de carbón, pucheros, mesas y clientes de toda índole. Buena índole la mayoría, por lo que alcanzo a recordar.

Para empezar, uno de ellos, observando mi afición a fingir que leía el periódico con tres años, se tomó la molestia de enseñarme que lo correcto era darle la vuelta, y después algún tiempo para que aprendiese a distinguir las letras, a explicarme cómo se unían para formar palabras y frases que podían ser leídas, e incluso escritas.

Fue toda una revelación.

A partir de aquel momento encontré en las palabras el mejor amigo que un hijo -por entonces único- puede tener, especialmente las que aparecían en los bocadillos de los tebeos. Aprendí a componer el gesto angelical que podía proporcionarme una propina más jugosa y también a distinguir los comensales más propensos a dármela. El objetivo era siempre el mismo: reunir cinco pesetas para comprar un tebeo nuevo o cambiar dos tebeos leídos por dos sin leer, es decir, como si fueran nuevos. Cada aventura de Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Zipi y Zape o La familia Trapisonda era como una puerta que se abría a otra realidad. A los ocho años escribí mi primera historia –trataba de gángsters, creo recordar- en un dietario rojo que las cervezas Mahou regalaron a mi padre.

Por aquella época descubrí también el ajedrez, otra de las pasiones que me ha hecho compañía hasta hoy; y sobre todo, cada verano en Sanabria, engullía la colección de ejemplares que por alguna razón compraba mi primo con criterio de saldo al por mayor. Desde novelas de Marcial Lafuente Estefanía hasta Vargas Llosa, pasando por Mario Puzo o Frederick Forsyth. No importaba mucho. Era leer lo que importaba.

Durante los tortuosos años de la adolescencia me entregué en afán y pluma a la poesía. Llegué incluso a descubrir su interés como moneda de cambio, pues un soneto a la chica preferida podía valer una lámina y, en consecuencia, un aprobado en dibujo. Por otro lado, inicié mis escarceos en el teatro del colegio como actor en obras de Moratín, Arniches y Mihura. Es bien sabido que las afinidades generan las amistades y por eso, en aquellos felices tiempos exentos de ordenadores, consolas, móviles y otros estériles pasatiempos, tanto en el colegio como en el barrio topé siempre con gente a la que también le entusiasmaba la lectura. De esa época data el descubrimiento de Sábato, García Márquez, Dostoievski o el mismísimo Kafka. Sin olvidar a Asimov, Spiderman y El Capitán América.

En 1981 inicié la carrera de Derecho en la Universidad Complutense, pero a la vez estaba descubriendo la filosofía oriental, el rock progresivo, el jazz, a Sartre y a Julio Cortázar. Además, ensayaba teatro y actuaba con algunas compañías de aficionados. El resultado fue que, medio curso después de haberlos iniciado, abandoné los estudios resuelto a matricularme en la Facultad de Filosofía y a montar mi propia compañía de teatro. Fue también aquel año cuando, sin más experiencia que media docena de relatos cortos y con la excusa de una convalecencia, empecé mi primera novela: Tela de argiope.

Entre 1982 y 1987 estudié Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, donde obtuve la licenciatura con mejores notas de lo que mi esfuerzo podía hacer sospechar. Faltaba demasiado a clase, pero la razón no era mi desinterés por los estudios; de hecho, me esforzaba al máximo cuando las circunstancias lo exigían, pero resultaba duro en exceso ensayar por las tardes con Karmesí Teatro -Compañía que al fin conseguí formar-, sacar algún dinerillo dando clases particulares y escribir hasta altas horas de la madrugada. Aun así, fui miembro fundador y colaborador de la revista Thales, que editó la propia Universidad. Durante aquellos años pusimos en escena un buen puñado de montajes, fuimos cómicos de la legua contratados por pequeños ayuntamientos de provincias, se fueron algunos actores porque no cobraban, vinieron otros pensando que cobrarían…

Mientras, yo seguía siendo un lector voraz y perseveré en Cortázar, en Márquez, en Llosa, en Kafka, Vicente Aleixandre, Hölderlin o Henry Miller. También en el ajedrez y en el jazz. Un día, muchos años más tarde, terminé Tela de argiope.

Tras la carrera vino el servicio militar. En Melilla nada menos, solo cada tarde y a la misma hora en la terraza del Hotel Ánfora, escribí Por un momento el tiempo, relato que sin saberlo sería el germen para el guión de cine que concluí mucho después de regresar a la vida civil.

Veinticinco años, una licenciatura no muy favorable para buscar trabajo y Karmesí Teatro disuelta en mi ausencia… En resumen, que necesitaba ingresos para independizarme y durante un par de años mis ocupaciones consistieron en dar algunas clases (gratificantes pero poco productivas), un trabajo de taxista (nada gratificante, si bien tan productivo que me permitía sobrevivir) y la literatura (muy gratificante pero absolutamente improductiva). Hasta que en 1990 uno de los múltiples currículum vitae arrojados al correo como un náufrago lanza botellas al mar, tuvo eco en el colegio San Miguel Arcángel, donde fui contratado como profesor de Filosofía.

Dieciocho años después continúo allí mi labor docente, dando clases de Ciencias Sociales, Ética y Filosofía. En este tiempo completé un conjunto de relatos (Desabrazos de mar), escribí ocho obras de teatro infantil que la editorial CCS publicó en cuatro volúmenes: Haciendo diabluras y El espíritu del bosque (1996); Un tesoro bajo el volcán y El jardinero (1997); Súper-David y Compañía y Un tigre muy payaso (1998); El hada desmemoriada y Las bodas (2001).

Agoté también a Cortázar, a Kafka, a Sábato; descubrí a Baricco, a Bolaño, a Benedetti y a Bernhard; también a otros cuyo apellido empezaba con otras letras.

Un buen día me encontré sin una historia para escribir mientras me acuciaban las ganas de hacerlo, clamé incluso que estaría dispuesto a pagar por una buena historia y descubrí que allí mismo se ocultaba lo que desde mis entrañas deseaba ser dicho. Así nació El gusano del mezcal. Dos horas cada tarde durante bastantes años, ya hiciera sol, lloviese o nevase, dieron como resultado esta novela. El material para construirla me lo proporcionaron, además de la propia vida, las lecturas de Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Octavio Paz, el diccionario de mexicanismos, grupos mexicanos de Internet, una botella de mezcal… y un inmenso amor hacia lo que estaba escribiendo.

En 2006 empecé Expediente Pania, una novela destinada a lectores adolescentes que terminé en septiembre de 2007 y que se publicará en 2009. A día de hoy trabajo en una nueva novela para adultos cuya fecha de finalización no soy capaz de anticipar.