Posts Tagged ‘Schönberg’

La soledad del escritor

Viernes, Junio 6th, 2008

El acto de la creación artística es, por definición, un acto en soledad. Al contrario que el conocimiento científico, el arte no es solidario ni progresivo, sino radicalmente subjetivo, producto de una intuición individual (aunque el que de verdad vale la pena lleve sobre sus hombros la tragedia de la humanidad, como decía Schönberg). Esto ocurre con toda forma de arte, sin embargo considero que en la literatura esta soledad se deja sentir con más fuerza, o al menos adquiere dimensiones distintas al resto de las artes.

En la literatura del siglo XX son incontables los testimonios de escritores que han hecho del propio sentimiento de soledad el motivo de su arte. Mi admirado Henry Miller, en Trópico de cáncer escribe lo siguiente: “Si de vez en cuando encontramos páginas que explotan, páginas que hieren y estigmatizan, que arrancan gemidos y lágrimas y maldiciones, sabed que proceden de un hombre arrinconado, un hombre al que las únicas defensas que le quedan son sus palabras”.

¿Por qué entre los escritores este sentimiento de desamparo es más acentuado que entre pintores, escultores o músicos? Me niego a aceptar que se trate de un fenómeno casual, así que debe existir algo en la propia naturaleza de la creación literaria que lo propicie. Supongo que en la escultura, la pintura o la música el artista metaboliza su sentimiento y construye con él una materia capaz de percibirse por los sentidos, de evaluarse por decirlo de algún modo.

Para un escritor ese reconocimiento objetivo de su obra se vuelve mucho más dificultoso, pues su materia prima no son realidades sino conceptos, o de lo contrario debería ser un excelente calígrafo además de narrador. Citando a Sábato, otro de mis maestros en Hombres y engranajes: “El formidable y casi desesperanzado problema del escritor es el de trascender su subjetividad mediante sus voces, sus desesperados murmullos, sus equívocos signos. Y lo increíble es que lo logra”. MIsma obra, unos párrafos más tarde, escribe: “Los escritores del siglo XX son incapaces de trascender el propio yo, hipnotizados por sus propias desventuras y ansiedades, eternamente monologando en un mundo de fantasmas.”

Es justo esta imposibilidad de objetivarse la que provoca en los escritores, sobre todo en los grandes del siglo XX, páginas de profundo lirismo o absoluta desesperanza que, por otro lado, remite a la propia soledad del lector, que se ve privado del placer estético grupal. Comunicación directa de una subjetividad a otra con los instrumentos más elementales que todos usamos cada día para saber y hacernos saber: las palabras. Por eso, ingredientes tan cotidianos deben ser reinterpretados y exprimidos, dejarnos herir por ellas, matar por y con ellas.

Tal vez lo dicho hasta aquí explique por qué tantos escritores tuvieron una existencia trágica o un final turbulento si lo comparamos con los músicos o los pintores que padecieron una desolación personal semejante; por cada Van Gogh podemos contar diez Dylan Thomas.

En todo caso, quizá lo que he escrito no tenga mucho sentido. Al fin y al cabo son palabras.