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SEUSSICAL, EL MUSICAL

Domingo, Mayo 25th, 2008

En el Colegio San Miguel Arcángel, Salesianos del Paseo de Extremadura en Madrid, se está representando durante los fines de semana SEUSSICAL, EL MUSICAL.

Ayer sábado la función se celebró a las doce de la mañana y allí que nos fuimos tres adultos y cuatro niños sin saber muy bien qué íbamos a encontrar, quizá teatro de colegio hecho con cariño y buena voluntad. A veces eso es más que suficiente, hemos asistido a espectáculos caros y de renombre que ni siquiera daban tanto.

Gran error. SEUSSICAL es un espectáculo redondo, soberbio de principio a fin en todas sus dimensiones. La música, excelente, alterna temas rítmicos y corales con algunas baladas más íntimas manteniendo la tensión dramática de manera ejemplar. Las coreografías en todo momento trasladan el espíritu de la historia al lenguaje del cuerpo y con asombrosa armonía, ya sean dos o veinte los actores en escena, simbolizan de manera deliciosa sentimientos, instantes y relaciones. Las voces en directo variadas, personales, casi impropias de la edad de los intérpretes. Los actores tan eficaces en sus papeles que ya sabes cómo son antes de que se den a conocer… En suma, los actores-cantantes-bailarines bordan cada una de las facetas como piezas únicas y a la vez engranajes de una luminosa máquina de entretener y emocionar en la que nada sobra, nada falta. A eso ayuda, y no poco, la excepcional aportación del Gato, interpretado de manera impecable por Félix Fernández, que sirve de puente entre los espectadores y la obra con la espontaneidad y ligereza de una pluma llevada por el viento. Del mismo modo, y como director de teatro que fui, quitarme el sombrero del gato ante Ignacio Cano, el director, capaz de mover a tanta gente sobre la escena con semejante frescura.

Mención aparte merece la escenografía, capaz de transportarnos desde el trébol donde viven los diminutos Who hasta la selva o el fondo del mar, y de ahí a realizar una gira por el mundo entero. Incluso de mostrarnos con una imaginación desbordante todo eso a la vez. Para ello se sirven con maestría del espacio, de la luz, del color, en un conjunto que resulta, en definitiva, un inagotable disfrute para los sentidos. Y así lo entendió el público, despellejándose feliz las palmas al terminar la función.

El único inconveniente que encontré durante la representación es que a los niños les sucediese algo después de tanto tiempo sin pestañear.

-Papá, es la mejor obra que he visto en mi vida –me dijo Andrea cuando salimos.

Ufff, sólo era eso. Y lo entiendo, hasta la señora de la fila posterior lo entendía, pidiendo que nos sentáramos, no fuera a ser que la ovación interrumpiese un nuevo número.

CHAPEAU (de Gato).