
Javier, propietario y alma máter de la Librería Cervantes en Alcalá de Henares, me invitó este sábado a participar en una tertulia sobre mi novela El gusano del mezcal. Por suerte, he asistido a diversos encuentros con lectores sobre el libro, ya fuera en Casas de Cultura, Bibliotecas Municipales, Clubs de lectura… La verdad es que siempre fueron encuentros agradables, con lectores interesados por conocer los entresijos de la trama, mis motivaciones a la hora de definir a los personajes o las razones que me llevaron a tomar una u otra alternativa en algún punto de la trama o el desenlace.
Lo que no había vivido hasta ahora es que el encuentro se produjera en un lugar tan encantador como El rincón de Carolina, una tetería situada justo enfrente de la librería, donde un puñado de amigos pasamos tres horas sin darnos cuenta, de mi libro a otros libros, del arte de narrar a las artes más diversas, de mediocres y genios, de divinos y humanos, de personajes impactantes a personas sin impacto y viceversa. Todo, entre aromas de pastas, al calor del invierno frente a un café caliente, un té especial, ese licor tan oportuno…
Expresaron su admiración por mi querido Eliseo Varela y no tanto por mi entrañable Augusto Cons (pobriño), pero sentí que la novela les había llegado, incluso a quien quiso ver en mi estilo una extraña mezcla de novela negra y realismo mágico. Despreciaron la portada, elogiaron la portada, alabaron el final, criticaron el final… Como tiene que ser.
Y, como nutritivo mistagogo, allí estaba Javier, un librero que no sólo vende libros, además habla de ellos con la sabiduría que da el trato cotidiano con materia tan sutil, tan diferente al modo en que otros se limitan a empaquetarlos como si fueran zapatos o salchichas. No cambies nunca.
Ojalá que la experiencia se repita, y un abrazo a todos los que allí estuvieron.